《Forgiveness this taste all but poisons my mouth
I scream but nothing, nothing will come out》
El cristal del cual estaban hechas las
paredes parecía estar cargándose de pólvora con cada estallido, pero a pesar de
eso el frío no las abandonaba. Quinn estaba sentada en el suelo, y su cabeza y su
espalda se encontraban apoyadas sobre una de estas álgidas paredes. De vez
en cuando tenía que levantarse, pues el calor que emanaba su cuerpo no evitaba
que el frío comenzara a aglutinarse en la parte trasera de su cuerpo. Junto a
ella había marcas de arañazos en el suelo, y por momentos se hacían más profundas,
dejando imperfecto a aquel cristal que reflejaba su tormento. Cada vez que
sentía un estruendo cerraba los ojos y dejaba que su cabeza se deslizase por el
cristal, hasta que su mirada se encontraba con un techo sin ninguna diferencia
al resto de la superficie de la sala. Algunos restos de pólvora, casi imperceptibles,
se colaban por una pequeña brecha que se había formado, y Quinn los observaba
caer, hasta que llegaban hasta ella y ensuciaban su rostro. Cuando estos restos
traspasaban sus párpados encerraba la cabeza entre sus rodillas y se llevaba
las manos a los ojos, apretándolos con fuerza por el dolor que le producía.
Luego restregaba sus manos por el suelo,
despojándolo de su brillo natural y adhiriéndole manchas difusas.
Desde la pared frontal, Keyn observaba su
nerviosismo, sacudiendo de vez en cuando el pelo debido a la suciedad que
precipitaba. Sabía que hablar era inútil, como lo había sido otras veces que se
encontraban en situaciones similares, por lo que tan solo se limitaba a mirarla
de brazos cruzados. Su tranquilidad solo parecía ser alterada cuando sonaba el
estallido de algo similar a una bomba, puesto que sus ojos se abrían y su pecho
se encogía. Pero solo duraba unos segundos. Habían vivido muchas batallas, pero
siempre los habían obligado a mantenerse al margen. No era la primera pelea que
presenciaban, no era la primera vez que sentían como la sangre se derramaba
sobre sus cabezas mientras sus compañeros se desgarraban la piel y ellos se encontraban protegidos en una sala infranqueable. Aquello se había
transformado en un hábito, y aunque Quinn jamás iba a acostumbrarse a estar a la espera de que
alguien del grupo pudiese morir mientras ella permanecía encerrada, Keyn lo había asimilado hace ya demasiado tiempo. En la primera batalla que vivieron estaban desconformes por no poder luchar, y en el transcurso de la batalla se dedicaron
a golpear las paredes de la sala, que en aquella ocasión de metal. No pararon hasta que la sangre que se
había deslizado desde sus nudillos hasta el suelo debido a los golpes se secó, tornándose de un oscuro
color rojo. En realidad ambos eran conscientes que no podían luchar, y que si lo hacían tan solo
serviría para provocar la muerte de todos. Pero la impotencia era un sentimiento del
cual no habían podido librarse con el transcurso del tiempo.
—Nunca habían sonado tan fuerte, Keyn.
—Siempre dices lo mismo. —exclamó, mientras se aproximaba a la pared
en la que ella se encontraba y adoptaba la misma posición que hace unos
segundos. —Sabes que no debes preocuparte.
—Quién sabe. Llegará un momento en el que no tengamos tanta suerte.
Nadie es invencible, ni si quiera nosotros.— Quinn se deslizó sobre el cristal hasta ponerse en pie. —Ya sabes lo se dice, todo lo bueno se acaba.
—No creo que eso sea posible. En ese caso, ambos seríamos inmortales.
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Simplemente es un fragmento de algo que se me ocurrió hace poco. No pertenece a una historia, simplemente se me ocurrió esa escena, aunque he de decir que escribirla me ha inspirado bastante. (He de decir que me gustaría escribir muchísimo más, pero últimamente mi tiempo es bastante limitado. Eso sí, intentaré subir algo lo más pronto que pueda). ¡Gracias por leer!

AGAGAGAGGGGGGH, DEJO EL COMMENT MÁS TARDE DE LO NORMAL, NO ME PEGUES.
ResponderEliminarPues en definitiva, me ha encantado, sigo pensando que escribes como un ángel (si los ángeles escribiesen cosas más allá de la Biblia) y que solo ese pequeño inicio me ha dejado muy enganchado, no sé, deseo pasar página y me frustra no poder, tómatelo como un halago.
Jordi Aprroved.